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jueves, 24 de noviembre de 2011

Un cuento sindical


Hoy voy a relatar una historia con gotas de realidad. Todo o nada tiene que ver con lo que ocurre en la vida real.


Ya hace años de que esa conciencia social despertara. A aquello que llamaron en España, 15M. Al principio no sabían que era, cómo etiquetarlas, quiénes eran los cabecillas y todo esto sólo para controlar, canalizar, desprestigiar y/o destruirlo. Aún no sé en que va a terminar todo esto que llaman el nuevo orden a nivel mundial y su influencia con ese movimiento. España, es uno de los pocos países en los que esta conciencia ha despuntado y como siempre pasa, es el objetivo a batir de los regímenes opuestos.


Curiosamente, la otrora superpotencia, Estados Unidos no termina de caer, eso sí ha perdido gran peso. Esa caída no se ha producido aún, gracias en parte por aplicar algunas medidas que se han impuesto en España. No deja de ser llamativo ya que al llegar ese movimiento a Estados Unidos lo trataron como verdaderos enemigos de la sociedad. China está teniendo una subida muy lenta estos últimos años precisamente por no aplicar estas mismas medidas. Los países que en un principio apoyaban a China se muestran algo reticentes a seguirla. La postura China ha pasado de imperio comercial en expansión, a tener un comportamiento más parecido a una potencia colonial del s.XIX. No obstante muchos aseguran que sólo será cuestión de tiempo que llegué a ser la única superpotencia, lo que no tienen claro es como lo logrará, eso me tiene algo angustiado. Gracias a la exportación de derechos humanos, sociales y laborales por parte de Europa, en la que se encuentra España, ha podido frenarse esa expansión de China y ha podido resistir Europa.


Aún colean los conflictos árabes, forma triste e irónica en la que han pasado a denominarlo. Ha quedado toda esa lucha por la democracia que terminó en esa conciencia global o colectiva en una solución de compromiso un tanto raro e inestable, como a las superpotencias les gusta tener un futurible punto de conflicto. Los conflictos bélicos de Afganistan, Irán, Irak, Somalia y Vietnam, entre otros, terminaron por despertar a la población del planeta. Ahora, como ya sabéis nos encontramos inmersos en una nueva floración del movimiento 15M. Eso sí, se intenta evitar nombrarla, ya que en ellos participan aquellos que intentaron hundirlo. Ahora se habla de ella como una plataforma ciudadana apolítica que supervisa las decisiones políticas, propone leyes, normas y veta posturas antidemocráticas, ahora todos son y eran de siempre de esa mentalidad, curioso ¿verdad?. Pronto podrá supervisar otras cosas como la elección de jueces o modificación de la constitución, ya sabéis que la carta magna es algo complicado de modificar, no como en 2011.


Puede resultar curioso o incluso imposible de creer, si no se conoce como se ha llegado hasta aquí. La situación generada por la guerra fría, esta segunda etapa en la que nos encontramos ha hecho que se llegue a una segunda época del estado del bienestar. Hay una situación extraña ya que la dependencia oriente-occidente es mutuo y muy necesario comercialmente y eso nos mantiene en esa tensa paz. Supongo que es normal cuando se produce una transición de hegemonía global.


Europa, es Europa. Bueno, quiero decir que Francia, Alemania, Luxemburgo, Holanda, son Europa, ya no son estados. Luego está España, Portugal y otros que están en proceso de disolución del estado para entrar en Europa. Yo diría que es la ilusión de muchos nacionalismos pero me temo que no son conscientes que limita y mucho la independencia de cada una de las regiones autónomas. Esto es el fin de lo que conocemos hasta ahora. Se apela a la historia común, a aquel Imperio Romano, a la Cristiandad como lugar común más que religioso. Curiosamente hay ciertos nacionalismos que piden la no disolución del estado del que se querían históricamente separa ya que desaparecería su razón de existencia y porque dejarían la gran independencia. El ferreo gobierno central que hay en Europa los hace desistir en dicha unión.




Lo que quería contar empezó con lo que denominaron el crack sindical de principios de la segunda década de este siglo. Un momento en el que los trabajadores hartos por la actitud de los sindicalistas los abandonaron y rechazaron totalmente. Recuerdo que fue contado como un triunfo desde el poder como una victoria de los trabajadores "de bien". Destrozar al sindicato, socavando su deteriorado prestigio. La situación fue muy complicada. Las superestructuras sindicales que precisaban de muchos recursos para funcionar y que en muchos casos resultaban lentas e ineficaces se vieron faltos de recursos. Algunas mayorías absolutas crearon leyes en las que, al igual que se enterraba definitivamente el pasado de la dictadura, también se enterraba todo tipo de deudas con estructuras, entidades y personas.
Esta ley hizo que los sindicatos se vieran faltos de dinero. Ávidos del vil metal para su supervivencia y limitados por los recursos por formación y leyes sindicales (también modificados por leyes de control de déficit) se lanzaron a la búsqueda de representantes, delegados, enlaces sindicales y afiliados. Y ahí entraba de nuevo la maquinaria del poder. Por un lado el poder central tuvo la ocurrencia de que cada central sindical fuera manteniéndose paulatinamente más de los afiliados y menos de otro tiempo de ingresos. Para ello se ampliaron algunas leyes que impedían la financiación de estas estructuras. Los, cada vez menos, recursos se repartían sólo entre los de mayor representación (número de representantes en empresas). Ésto provocó entre otras la fusión de centrales sindicales más pequeñas con tal de sobrevivir dependiendo únicamente de las aportaciones de los afiliados.


Los grandes sindicatos comenzaron una lucha sin cuartel, entre ellos, para lograr más recursos y esto les hicieron caer en prácticas poco honestas, como denuncias, amenazas, espionaje entre ellos y con las empresas en las que  estaban o deseaban entrar. Una forma de contrarrestar esta situación fue la de pactar con algunos sindicatos la elección de unos representantes. Estos solían ser oportunistas o personajes totalmente amansados o amedrentados que minaban la confianza y esperanza de los demás compañeros.


Se llegó a un punto en el que los sucesivos gobiernos forzaron a que las negociaciones fueran sólo a nivel de empresa. Las empresas, por las razones que he explicado arriba, trataban de que la presencia sindical fuera meramente testimonial y lograban que los convenios logrados fueran cada vez más desequilibrados, menos justos. La población obrera, como empezaron a llamarlos, se empezó a levantar contra los sindicatos, ciegos por no ver de donde procedía el verdadero enemigo, y las estructuras que llevaban muchos años terminaron por caer en cuestión de meses.


Tras meses de dudas sobre cual sería el futuro de todos y cada uno de los acuerdos existentes, las empresas comenzaron a "proponer" la idea de negociar salarios y condiciones de trabajo a cada uno de los trabajadores. La proposición se convirtió en norma ya que aseguraban que se ajustaba más a la realidad de la crisis de las empresas. Todo era por la defensa de la libertad individual en la negociación de los derechos individuales laborales, en la mayoría de los casos se trataba un pacto de mínimos. Esto no hizo más que un desplome en la satisfacción de la población obrera, caída en picado del consumo y el sector servicios. Una situación pensada y planificada por el poder, y para ellos siempre pesaba sobre todos nosotros el temor de una guerra mundial. Las persecuciones y la represión se hacía cada vez más asfixiante. La justificación era la necesidad de controlar a los antisistema que trabajaban en favor del enemigo. Lo que en un momento era bueno o indiferente se convertía en malo para el sistema en sólo minutos.


El estallido no tardó demasiado. Volvió con más fuerza que nunca los ideales del 15m, de los indignados. Eso desconcertó al poder que esperaba revueltas para poder apastar y continuar con más represión. En este caso se les empozó a llamar el movimiento H. No sé muy bien la razón pero ya había votantes de uno y otro lado. Los afectados eran de todos los grupos sociales. Y el apoyo mediático fue enorme. Los trabajadores de todos los medios, empresas, entidades no tenían aprecio por su trabajo. No soportaban darle más sentido al apoyo de lenguaraces personajes televisivos muy bien pagados. Personajes que destruían, más si cabe, las esperanzas de un futuro mejor en pos de la seguridad y salida de una interminable crisis.


Y aquí fue lo más sorprendente, que de entre muchas cosas que cedió el poder central, para no perder sus sillas, fue la de una plataforma ciudadana de control. Otra más sorprendente aún fue la de la creación de sindicatos. Impensable hasta ese momento tras lo sucedido poco antes. Lo que más le costó aceptar al poder neoliberal era la afiliación obligatoria de toda persona con edad de trabajar. No querían eso con la excusa de que la libertad del individuo estaba la afiliación sindical. Este razonamiento ya no servía, era el mismo razonamiento que emplearon para reducir al mínimo la seguridad social, educación, seguridad en zonas de ciudades y transportes públicos.


Se negoció la creación de una estructura denominada Consorcio Sindical al que estarían todos afiliados forzosamente todos aquellos que no quisieran estar afiliados a otros sindicatos. Se dejaba la posibilidad de crear sindicatos locales, regionales o estatales. Serían independientes y vivirían gracias a las aportaciones de sus afiliados. En todo aquello que no pudiesen mantener por sus costes económicos serían apoyados por el Consorcio. Este Consorcio proporcionaba la representación básica, basada en asesoramiento legal. Estaba compuesta por funcionarios de carrera y controlados por la plataforma social para evitar un control del poder. El estado (sólo tenía la obligación de aportar un dinero según el número de asesores sociales, legales y formadores de que estaba compuesta). Los sindicatos creados aportaban un valor añadido, especializándose en cada uno de los sectores, nunca, ¡nunca! empresas concretas. Nunca sindicatos de empresa.


Si esto llego a ser sorprendente más aún fue la forma a la que se alcanzaba la representación legal en las empresas. Cada dos años se elegían los representantes según número de afiliados. Es decir, no habría la engorrosa y siempre tarea derroche de recursos de unas elecciones sindicales. Si no había representes sindicales independientes, la empresa estaba obligada a realizar una consulta secreta entre todos los trabajadores. Estos estarían apoyados por el consorcio pero no lo representaban. La seguridad de que no se produciría una persecución sindical ya era cierta al cien por cien.


Me resulta complicado ponerme en el papel de aquellos trabajadores y representantes que hubo hasta mediados de la segunda década de este siglo. Dicen que no conviene juzgar hechos pasados desde la mentalidad actual, así que no lo haré. Sólo quedo en la duda de como quedará todo esto, en el caso de entrar en los Estados Unidos de Europa.

2 comentarios:

  1. Buf! qué pasada! ninguno de nosotros nos atrevemos a pensar cual va a ser el futuro laboral de la mayoría, creo que para eso no estamos preparados ni los más imaginativos. Me has aportado un montón de cosas que no sabía y he aprendido que la incoherencia viene de lejos. Es difícil adquirir conocimientos y mantener el optimismo... pero es la única salida... no?
    un abrazo Víctor.
    Jon

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  2. Muchas gracias por tu comentario.

    He intentado, viendo del pasado y de como se están desarrollando los acontecimientos encontrar un escenario posible. La verdad es que no me termina de gustar ya que, si por un lado, se alcanzaría la concienciación sobre la necesidad de sindicatos, por otro lado la desvinculación con una ideología sería pernicioso a largo plazo.

    De todos modos, hay que ser optimista y esperar que los sindicatos abran los ojos y se dejen de luchas intestinas entre ellas por rascar más o menos.

    De nuevo te doy las gracias compañero

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